Una luna flamenca
De vivir la vida con pasión, de eso se
trata la cosa.
Algunos crean un ritual a la hora de leer
un libro, siempre en el mismo sillón o en la cama, tomando un café o una medida
de whisky con hielo. Están los que siguen a una banda de rock y convierten las
letras de sus canciones en himnos personales, los que van a la cancha para
demostrar el amor a la camiseta, los fierreros que necesitan oír el rugir de
los motores los domingos a la mañana.
Todos tenemos un cable a tierra, algunos hasta atraviesan los océanos y cambian de continentes, trascienden los idiomas y los tomamos prestados y los incorporamos como nuestros.
Un día la conocí a Lorena, ese día conocí
su pasión: el flamenco.
Cantares: La previa
Alguna noche de luna llena
Octubre 2012
Una fachada blanca, rejas negras, faroles con luces amarillas
y unas escaleras me guiaron al sótano gitano. Ahí me estaba esperando María, la
dueña del tablao. “Tu mesa es aquella que está al lado del escenario”, dijo y
me sonreí. Las luces tenues y la música española que sonaba de fondo eran una
invitación al zapateo español. Pero como esta vez no quería hacer el ridículo,
me senté y pedí una cerveza.
Ya que mi amiga no llegaba y el pico se me
fue endulzando con el alcohol, empecé a tomar algunas notas básicas:
“Un
tablao es un lugar donde se comen picadas y tapas con cerveza y siempre hay un
escenario porque hay shows de flamenco.”
“Cantares
no es sólo un tablao, también es una escuela de flamenco.”
“La
ambientación del escenario refleja las típicas fachadas de Andalucía, cuna de
este baile español.”
Lorena venía bajando las escaleras, estaba
en su salsa, se sentía en casa, después de todo ella es alumna del lugar. María
se acercó a nuestra mesa para saludarla. “¿Quién baila hoy?” preguntó Lore, a
lo que María respondió: “Caro Etchegaray”. Los ojos de mi amiga se iluminaron.
Ya solas en la mesa y con un chop de
cerveza cada una, siguió: “No sabés como baila esa tipa”. Me contó que viaja un
par de veces por año a España para perfeccionar el baile, que es su vida.
En ese momento se me vino a la cabeza una
vez que la acompañé a Lore a una clase con Claudio Arias, uno de los mejores bailaores
de la Argentina.
(por no decir el mejor) Aquella vez pude ver cómo el cuerpo de los alumnos iba
trasmitiendo emociones en algunos casos, en otros no tanto.
No cualquiera baila flamenco. Y no pasa por
un tema de habilidad, pasa por un tema de pasiones. Si no lo sentís, no lo
transmitís y si no lo transmitís entonces estás moviendo el cuerpo como un/a
idiota. Porque eso no es flamenco, no existe flamenco sin pasión.
Cantares: La presentación
Un poco de historia
Para cuando María subió al escenario para
presentar el show todas las mesas estaban ocupadas. A esta mujer no le hace
falta hacer ningún curso de oratoria; repasó durante cuarenta minutos la
historia de Cantares, describiendo cómo algunas personalidades de nuestro país
y de España formaron parte del público.
También invocó a los poetas españoles, como
Rafael Alberti, quien llegó al puerto de Buenos Aires algunos años después de la Guerra Civil. Ese hombre
perteneció a la Generación
del 27 junto con Federico García Lorca, entre otros poetas.
El público comenzó a viajar a través de la
voz de María, quien con mucho sentimiento recitó algunos versos de “Romance de
la luna, luna” de García Lorca:
“(..) El jinete se acercaba
tocando el tambor del llano.
Dentro de la fragua el niño
tiene los ojos cerrados.
Por el olivar venían,
bronce y sueño, los gitanos.
Las cabezas levantadas
y los ojos entornados (…)”
¡Qué estalle la fiesta flamenca! Aplauso po favó.
Cantares: El show
El flamenco y sus palos
Luego de semejante presentación lo que
seguía no podía ser malo. Todos estábamos muy expectantes. En ese momento me di
cuenta de que ya me había tomado más de un litro de cerveza.
Un cantaor y una cantaora ambos españoles,
un hombre a la guitarra y dos bailaoras sentadas; así estaba el escenario. El
primer tema no fue bailado, simplemente fue interpretado a pura voz y guitarra.
Esas voces que salían desde el fondo de las entrañas, esas voces transmitían el
sufrir del pueblo andaluz, de los gitanos nómades, allá cuando empezó el
flamenco.
No puedo seguir contando lo que mis ojos
vieron aquella noche. No, al menos, sin hablar del flamenco y sus palos:
Los
palos son "cada una de las variedades tradicionales del cante
flamenco".
Existen
al menos 50 variedades de palos, ya que fueron variando en las distintas
regiones de España y el mundo y se fueron fusionando con otros ritmos, incluso
con el tango.
Lógicamente,
cada palo tiene características específicas y técnicas que lo diferencian del
resto.
Ahora sí, realizada esta importante
aclaración y gracias a las explicaciones de Lorena puedo afirmar que el primer
palo bailado de la noche fue una sevillana.
Carolina Etchegaray se lució con su figura delgada, su mirada rígida y sus
movimientos firmes y definidos. El público perdió la vergüenza rápidamente al
marcar el ritmo de ese baile con sus palmas y a mi me pasó lo mismo.
Yo misma me fui dando cuenta de que mi
entusiasmo iba creciendo: primero gasté toda la batería de mi celular grabando
el audio de las canciones que fueron interpretándose, después, entre canción y
canción empecé a ovacionar a los del escenario con un: “oleeeee” y antes de
irme le prometí a María que el año que viene empezaría con los cursos de
flamenco.
Carolina pudo transmitirme el impulso de aplaudir
con muchas ganas. Esa mujer puso su cuerpo entero a disposición del flamenco;
desde la cabeza hasta los pies y desafiando con su mirada a los cantaores. De a
poco sentí que yo era parte de todo eso, que pertenecía al lugar, que fui parte
de toda esta historia.
Pero no sólo mi admiración podía verse entre
los que estábamos abajo del escenario. Acá viene una parte que pocas personas
pueden creer, es más, todavía yo no lo creo. En uno de los intervalos que hubo entre
una canción y otra, Caro Etchegaray se dio vuelta, nos miró a Lore y a mí y
preguntó: “¿Ustedes bailan sevillanas?” La respuesta fue negativa. Pero qué
lindo hubiese sido...

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