Piloto
Lo conocí hace más de diez años. Verano tras verano lo veía caminar hasta la playa. No recuerdo su nombre, tal vez nunca lo supe. Usaba un piloto negro, sin importar que el sol le pegara en la espalda. Entonces, mi abuela lo apodó "Piloto". El pobre tipo era objeto de burlas para muchos y temor para otros. Este hombre nació viejo, pensaba. Cada arruga de su cara aparentaba ser una lágrima de su pasado y sus pies se arrastraban por la arena con dificultad. No recuerdo si sus ojos eran verdes o celestes, pero recuerdo que era una versión deteriorada de Papá Noel por su extensa barba blanca. Todos los días lo veíamos a la misma hora y nadie sabía donde vivía. Él era especial. No era un hombre más a la deriva en la calle. Piloto era parte de mi vida, parte de mi infancia, parte de mi rutina a la hora de ir a la playa con mi familia. "Piloto es rico, es rico!!", dijo mi vieja un día. Resulta que había hablado con alguien del barrio y le contó su historia. Todos...

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