Me abrazo

"Tener un hijo, plantar un árbol y escribir un libro es fácil,  
lo difícil es criar un hijo, regar el árbol y que alguien lea el libro."

Pequeños grandes momentos marcan nuestras vidas. Insignificantes para algunos, dramáticos para otros. Espacios vacíos, baches, roles vacantes. Entender y sentir no siempre van de la mano. Entiendo muchas cosas pero mi corazón no puede sentirlas de esa manera. No las asimilo.

Vivo con esa extraña confusión interior. "¿Habrá sido mi culpa?", "¿Qué pude haber hecho de malo?" , a lo que sigue: "¿Hice algo malo?". Entonces tomo aire, suspiro y me abrazo a mí misma. 

Personas que se venían acercando, vuelven a alejarse. Se trata de la constante re-acomodación de las cosas, de las personas, de los roles. Porque todos los días, sin darnos cuenta, elegimos qué somos y hasta donde dejamos ser. ¿Loco? No. Normal.

La vida es tiempo y en él, todo cambia. Nada se mantiene, todo se transforma. Nos acercamos, nos alejamos, nos acomodamos, nos paramos, nos sentamos, caminamos, corremos, soñamos, hacemos. Todo el tiempo, toda la vida. Decidimos. Decidimos hasta cuando pensamos que no estamos decidiendo. No hacer nada no es no hacer nada, para no hacer nada decidimos "no hacer nada", pero algo estamos haciendo. Siempre.

Como yo, que decidí llegar de trabajar, ponerme ropa cómoda, sentarme en mi sillón y escribir estas ideas locas. Elegir. Elegí escribir y no llorar. 

Elegí amar (me)


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