Recuerda entonces el año en que forjamos la paz

Era un día de sol como tantos otros en Villa Gesell, en uno de esos veranos soñados de tres meses en familia, cuando mi abuelo tuvo una muy mala idea. Resulta que en los departamentos de enfrente ve a una nena rubia, con ojos celestes, bajando las escaleras en rollers. Creo que me quedé en el living, avergonzada, mientras mi abuelo decía que venga a jugar conmigo. María Eugenia se llamaba. Habrá venido a jugar conmigo dos o tres días seguidos, fascinada por el gran espacio que tenía mi casa de veraneo para patinar y jugar.

Eugenia se divertía mucho, tanto que esperaba a que vuelva de la playa para cruzar la calle y jugar conmigo. Lástima su comentario desafortunado, seguramente se haya arrepentido durante el resto del verano. Una vez que abrió la boca, no había vuelta atrás, ya era demasiado tarde y sin dudarlo, le dije que se fuera de la casa y que no vuelva nunca más. Su cara parecía no entender lo que estaba diciendo pero se fue de todas formas. Ya estaba muy enojada yo como para enfrentarme. "¿Cómo me va a decir eso? Que nena desagradecida", pensaba. Además tenía todas en contra, yo tranquilamente podría haber hablado con su mamá o con mi familia y tal vez hubiese tenido su merecido. A mi ya me alcanzaba con echarla y verla con los patines puestos entrando a un departamento jajaja. Perdonen mi maldad, pero me acuerdo y me vuelve la rabia...
¿Qué me dijo? Me dijo: "Tu hermana es una tonta, juguemos solas".

No había chance alguna de que esa nena siga jugando conmigo. No después de lo que dijo. Mi hermana siempre fue mi mejor amiga, mi compañera de vida, mi consejera, mi psicóloga, mi humorista, al que no le gusta, ahí tiene la puerta.

Felices 23 años hermanita! Siemprejuntascontraelmundo




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