Corazón de Boedo
Muchos
dicen que la arteria principal del tango es una esquina, la de San Juan y
Boedo. El bar que se construyó en esa esquina en 1927 se convirtió en el
símbolo cultural en la década del cuarenta. Por sus mesas,
pasaron los músicos que hicieron del tango la expresión artística más
representativa de la ciudad.
El
encanto y la importancia cultural de Homero Manzi, declarado edificio
histórico, atrae diariamente a cientos de turistas y a todo aquél que quiera
embriagarse con el compás del 2x4. Con sólo poner un pie adentro de la
confitería, uno siente que está entrando a un lugar con un caudal histórico
importante, es una invitación a pensar qué orquesta habrá estado arriba del
escenario, es el deseo de invitar a los que no están a escuchar un tango al
lado tuyo.
El
restaurant y por las noches cena-show lleva el nombre del gran poeta del tango,
Homero Manzi, autor de tangos inmortales, ya que era la esquina donde “paraba”
diariamente para encontrarse con sus amigos.
El
techo es alto, con ventanales con cortinas rojas que a la noche cuando hay show
se cierran creando un clima de privacidad y exclusividad. Los manteles son del
mismo color que las cortinas y a la noche el lujo se hace presente cuando se
encienden las luces de las arañas doradas y en el fondo, el escenario está
esperando mientras se desnuda con el correr del telón.
El
principio de Sur interpretada por Aníbal Troilo comienza a sonar en el salón y
uno que está ahí sentado se siente parte de esa historia: “San Juan y Boedo
antiguo y todo el cielo, Pompeya y más allá la inundación…”
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