Sábado
Abrí los ojos y recordé que era sábado. Miré la hora. Ya había amanecido. Después de dar algunas vueltas en la cama decidí levantarme con cuidado. Abrí la puerta y ahí me esperaba él...
Me miraba fijo. Sus pupilas parecían atravesar mis pensamientos. Me miraba inmóvil, esperando mi reacción para hacer algo. Uno, dos, tres segundos y su respiración comenzaba a agitarse. Ninguno de los dos se movió del lugar. Yo estaba parada, con la puerta entreabierta con un pie en la habitación donde estaba mi marido durmiendo y con el otro pie fuera.
Él estaba sentado en el piso y yo sabía que se moría por acercarse a mí. Cerré la puerta de la habitación sin mirarlo. No quería que despierte a mi marido con su ritual amoroso.
Ya en el living supe que no había vuelta atrás. El momento esperado estaba por llegar. Mis dedos acariciaron su pelo y su cuerpo comenzó a temblar. Se acostó en el sillón completamente entregado. Quería que siga. Cerraba y abría los ojos.
Extasiado de mis caricias, se bajó del sillón y fue hacia su plato (vacío) de comida. Comenzó a maullar. Fin del idilio.
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