Las aguas del río II
Daba vueltas en el agua, de un lado para el otro, como si estuviera adentro de un lavarropas. El río había crecido repentinamente y la corriente se encargó de golpearla contra las piedras. La gente, sorprendida, miraba el agua pero no a ella. Sus intentos por salvarse eran en vano. Un sorbito de aire y adentro, abajo, entre las burbujas que se formaban por la presión de la caída del agua. Agua fría. Agua que arrastra lluvias de la cima de un cerro cordobés.
Yo la vi antes. La había visto el día anterior. Me acuerdo porque llamó poderosamente mi atención. No se si ella me vio. Estaba quieta, tomando sol sobre una roca, y apareció vestida de naranja, rojo y amarillo, del otro lado del río.
El mismo río que ahora la estaba matando. Y seguramente el agua la arrastró por quedarse quieta en el mismo lugar. Mala suerte la de la mariposa. Tener alas por unos pocos días, y morir en el segundo.
Yo la vi antes. La había visto el día anterior. Me acuerdo porque llamó poderosamente mi atención. No se si ella me vio. Estaba quieta, tomando sol sobre una roca, y apareció vestida de naranja, rojo y amarillo, del otro lado del río.
El mismo río que ahora la estaba matando. Y seguramente el agua la arrastró por quedarse quieta en el mismo lugar. Mala suerte la de la mariposa. Tener alas por unos pocos días, y morir en el segundo.
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