Secretitos, secretitos

¿Cuántas veces nos contaron un notición, una bomba, un chisme? ¿Cuántas veces te hicieron jurar y volver a jurar ese "no se lo cuentes a nadie"? Y te mordés los labios, tratás de convencerte de que no era algo tan importante. Y cuando no das más se lo contás a alguien que no tiene nada que ver...

O no, te la bancás y te callás y hasta te olvidás y viene alguien y ¡zaz! Mete la pata.

Pero algo pasa cuando el secreto es de uno. Es algo bien distinto. Ves las cosas de otra forma. Por momentos sentís que los demás saben lo que pensás. Por las dudas medis tus palabras. Que bonito es tener un secreto lindo, una alegría. Porque fueron tantos los secretos feos que me guardé, que cuando te pasa una buena se siente muy distinto.

Al principio sentía la necesidad de hablarlo, pero luego se calmó. Es como si pudiera mantenerlo a salvo conmigo... y es que el 2013 fue un gran año para mí. Un año de descubrimientos, de entender el por qué a muchas cosas, de lograr entender a los demás. Descubrí que mi vocación periodística tiene un gran origen en aquellas preguntas que no pude responder, (y no podré) logré vencer algunos fantasmas y me enorgullecí de mis logros.

Voy por más. Cambié completamente mi mirada del mundo, los sueños, la vida, las metas, el amor y las prioridades. Me conocí a mí. Mi secreto es...




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