Volver a verte...

Huracán.

Habían pasado meses...y no se si hasta más de un año desde que no te veía. Y perdimos. Y más te amo.

Miraba a la gente, puteaban. Mis amigos tenían el ceño fruncido y mi marido, bueh, tenía prohibido hablarle. Entonces me dediqué a mirar al cielo nublado y una vez más me volví a preguntar: "¿Qué sos Huracán?"

Mis ojos recorrieron todo el estadio, empezando por la torre de la Miravé.

Recordé la innumerable cantidad de veces que mi abuelo me contó que miraba los partidos desde esa tribuna. Huracán es mi abuelo.

La popular visitante estaba vacía. Podía leerse el nombre del club. Me concentré en la cancha propiamente dicha. Miré las paredes, la pintura desgastada en algunos escalones. Huracán es una cancha.

El partido no nos favorecía y los hinchas se impacientaban. Cambian las caras, pero por 90 minutos los jugadores representan nuestra pasión. Huracán son sus jugadores.

Abajo, entre las escaleras y el alambrado se juega otro partido. Un partido sin arcos, jugado por los más chiquitos. Huracán es familia.

La cancha es el único lugar en el mundo donde está socialmente aceptado gritar una puteada. Y como nuestras tribunas hay mucha creatividad a la hora de putear, y también ganas... Huracán es catarsis.

Miré a mi alrededor. Perdíamos, pero me contentaba con volver a ver a mis amigos. Esos con los que lloramos, gritamos, sufrimos, festejamos, nos empapamos con la lluvia, viajamos al interior por amor al Globo. Con ellos somos incondicionales, no contamos la plata, y nos sale compartir lo que tenemos con ellos porque vivimos situaciones (de las más locas, tristes, alegres y adversas) que ni siquiera vivimos con amigos del colegio. Compartimos el mismo sentimiento al club. Huracán es ganar amigos.

Y los volví a ver y traté de acordarme como fue que conocí a estos amigos. Los conocí a todos por separado, solteros, en distintos momentos y lugares. Y lo miré a mi marido. Caí en la cuenta de que nuestro grupo de amigos es el Arca de Noé; todos en pareja con un hincha de Huracán. Y yo casada con uno. Huracán es amor.

Faltaba poco para el final del partido. Algunos planificaban qué iban hacer al salir. Podía recorrer con mi cabeza cada una de las cuadras que debía caminar hasta el auto, las casas con las puertas abiertas y gente sentada en la vereda, los paredones con hermosos murales pintados por los propios hinchas... Huracán es barrio.

"Que los partidos se ganan dentro de la cancha y acá en los tablones...", cantamos todos.





Huracán es su gente. 
TODA su gente.

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