Matamos por encargo

Se despidieron con un apretón de manos y ella caminó hasta la esquina. Esperó cinco minutos, sacó el celular.

-"Ya se fue de mi casa. Mañana a esta hora van a estar  muertas. Es lo único que me importa. Voy para allá mi amor". Le temblaban las manos pero estaba segura de que iba a hacer lo correcto. No era la primera vez que tenía que sacarse un problema así de encima.

Paró un taxi y se fue a Palermo, a la casa de su novio.

- "No puedo vivir así", aseguró mientras ella misma se frotaba con las manos sus propios brazos.

Él la abrazó fuerte y le aseguró que todo iba a estar bien, que al día siguiente todo iba a ser como antes. Que el tipo que contrató "sabe lo que hace y vive de eso".

Eliana no pudo pegar un ojo en toda la noche pensando en como sería el escenario de su casa cuando tuviera que regresar. Se imaginaba limpiando los pisos, cerrando las ventanas y sacando la basura...

Sonó el despertador y ella hizo desayuno para los dos, pero ella sólo se tomó el café.

-"¿Estás segura de que no querés que te acompañe? No dormiste nada Eli"

-"Yo sabía que no iba a poder dormir. De sólo imaginarme cómo van a estar en el piso, se me pone la piel de gallina", suspiró y agregó: "Pero ya está, si todo sale bien todo se termina hoy. Y cuando sepa que están muertas las hijas de puta, voy a poder dormir."

Eliana agarró su cartera, sacó su billetera y volvió a contar la plata para pagar el trabajo. Cuando llegó a la puerta de su departamento se alegró al ver lo que esperaba. Un camión con un gran cartel rojo y amarillo que decía: "Fumigación de cucarachas. Matamos por encargo."

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