Lo conocí hace más de diez años. Verano tras verano lo veía caminar hasta la playa. No recuerdo su nombre, tal vez nunca lo supe. Usaba un piloto negro, sin importar que el sol le pegara en la espalda. Entonces, mi abuela lo apodó "Piloto". El pobre tipo era objeto de burlas para muchos y temor para otros. Este hombre nació viejo, pensaba. Cada arruga de su cara aparentaba ser una lágrima de su pasado y sus pies se arrastraban por la arena con dificultad. No recuerdo si sus ojos eran verdes o celestes, pero recuerdo que era una versión deteriorada de Papá Noel por su extensa barba blanca. Todos los días lo veíamos a la misma hora y nadie sabía donde vivía. Él era especial. No era un hombre más a la deriva en la calle. Piloto era parte de mi vida, parte de mi infancia, parte de mi rutina a la hora de ir a la playa con mi familia. "Piloto es rico, es rico!!", dijo mi vieja un día. Resulta que había hablado con alguien del barrio y le contó su historia. Todos...
Se despidieron con un apretón de manos y ella caminó hasta la esquina. Esperó cinco minutos, sacó el celular. -"Ya se fue de mi casa. Mañana a esta hora van a estar muertas. Es lo único que me importa. Voy para allá mi amor". Le temblaban las manos pero estaba segura de que iba a hacer lo correcto. No era la primera vez que tenía que sacarse un problema así de encima. Paró un taxi y se fue a Palermo, a la casa de su novio. - "No puedo vivir así", aseguró mientras ella misma se frotaba con las manos sus propios brazos. Él la abrazó fuerte y le aseguró que todo iba a estar bien, que al día siguiente todo iba a ser como antes. Que el tipo que contrató "sabe lo que hace y vive de eso". Eliana no pudo pegar un ojo en toda la noche pensando en como sería el escenario de su casa cuando tuviera que regresar. Se imaginaba limpiando los pisos, cerrando las ventanas y sacando la basura... Sonó el despertador y ella hizo desayuno para los dos, pero ella s...
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